Creemos
que la enseñanza de la lengua debe fundamentarse en las necesidades de los alumnos, en el uso que tienen que hacer del
sistema lingüístico para afrontar sus realidades inmediatas. Desde esta
perspectiva comunicativa entendemos que la enseñanza de la lengua no debe
limitarse a su sistema formal exclusivamente, sino a que el alumno adquiera las
destrezas comunicativas necesarias para desenvolverse en la vida real.
La
función del profesor no se limita a ser un mero transmisor de conocimientos
académicos, sino que, entre otras muchas funciones, al profesor le corresponde:
–
Ser un mediador sociocultural de la sociedad en la que conviven los
estudiantes.
–
Favorecer los vínculos con hablantes nativos para que su aprendizaje sea lo más
efectivo posible.
–
Facilitar el aprendizaje, adaptarse a las necesidades de los alumnos y del
contexto de enseñanza, y mediar entre los alumnos y la lengua que quieren
aprender.
–
Intentar crear un clima relajado y motivador para conseguir que los alumnos
disfruten con lo que hacen en clase.
–
Crear un ambiente de cooperación en el aula y facilitar las relaciones internas
para que exista un ambiente de colaboración dentro del grupo.
–
Tratar de ser flexible y estar pendiente de las actitudes de los alumnos para
modificar o adaptar cualquier aspecto del programa o de su propio
comportamiento en función de las características del grupo.
–
Desarrollar estrategias de enseñanza a partir de la observación de lo que
ocurre en clase.
–
Ocuparse de desarrollar los procesos de motivación de autoaprendizaje y de
capacitación.
–
Tomar decisiones respecto a las dinámicas del grupo más adecuadas en cada
momento.
–
Ofrecer propuestas que desarrollen la autonomía del alumnado.
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